El invernadero

por:  Sergi S. Cazaña, Diseñador y escultor de jardines

En muchas ocasiones una imagen decadente puede ser también inspiradora. Y esta semana he podido experimentar un buen ejemplo.  

Acostumbro a pasear por el Parc de la Ciutadella, en Barcelona.  Me parece un lugar fascinante, enriquecedor, a la vez que inspirador.  Sin embargo, esconde secretos que pueden dejar a uno helado. Más allá del incivismo o de la falta de gestión municipal al respecto,  hay un elemento que me produce un dolor especial: el estado del antiguo invernadero.

Terrible.  Terrible. Esa es la palabra.  De un tiempo a esta parte, el que un día fue icono del amor por las plantas y la belleza arquitectónica,  es ahora una especie de estampa descolorida, arrugada, de bordes raídos, olvidada en el fondo de un cajón. Cristales rotos, óxido, mugre… y lo más doloroso: el lamentable estado de las plantas que aún malviven en este lugar fantasmal.  Como ejemplo, las Strelitzias arriba expuestas que, aun regalando una composición de belleza decadente fuera de discusión,  hicieron que se me encogiera el corazón el pasado miércoles por la tarde.